EDU GARCÍA

EDU GARCÍA | Enero 2018
MI TRABAJO, mi rutina diaria y el lugar donde mis clientes se van convirtiendo en mis amigos.

Nunca pude imaginarme que aquel día de 1978, mi vida iba a cambiar cuando, de camino al colegio, decidí hacer novillos y quedarme embelesado en el escaparate de la barbería de mi pueblo, observando atentamente cómo cortaban el pelo al cura.
Puede que suene a historia de libro, pero así comenzó todo. Y aunque la reprimenda de mis padres no se hizo esperar, algo en ese niño de 8 años empezó a aflorar.

Dedicarme a esto no fue una decisión repentina, por lo que me pase años estudiando, de un centro a otro, aguardando el momento de emprender mi verdadero camino y hacer realidad esa ilusión que llevaba tiempo en mi interior, ser peluquero.

Y así transcurrieron los años hasta que finalmente conseguí mi objetivo más ansiado. Y aunque pasé por varios lugares, formándome y adquiriendo todos los conocimientos posibles tanto en peluquerías masculinas como femeninas, finalmente decidí aparcar los rulos y tenacillas e introducirme de lleno en las barbas y navajas. Afiné mi objetivo, y por fin podía decir que era barbero.

En 1991 decidí lanzarme a la piscina y comenzar en mi propio negocio, una humilde y acogedora barbería, dirigida por un joven de 21 años que recibía a sus clientes como si fuesen su propia familia. Y aunque no fue un camino de rosas y tuvo sus respectivos altibajos, consiguió sacar fuerzas ante la adversidad, nunca tiró la toalla y apostó por el amor que sentía hacia su trabajo.

Pudiendo llegar a ser quien hoy soy, con 48 años, este hombre que no ha perdido la ilusión por lo que hace, que disfruta con cada corte de pelo como aquel niño que miraba el escaparate, y que ha conseguido avanzar profesionalmente a pasos agigantados, siempre desde la humildad y bondad.

Actualmente convino mi trabajo con la realización de formaciones a otros peluqueros y la participación en certámenes nacionales de peluquería de caballero, en los que he podido alcanzar muy buenas posiciones, que para mí son la máxima recompensa a más de 30 años de duro trabajo y sacrificio.

Y como esto es renovarse o morir, todo conocimiento nunca es suficiente, por lo que empleo también mi tiempo de ocio en asistir a numerosos cursos e indagar en el mundo de las barberías, siempre con el fin de perfeccionar cada uno de mis trabajos. Nunca hemos de limitarnos, siempre hay algo nuevo que aprender, nuevas técnicas, nuevos estilos; lo importante es adaptarlos a ti y ejecutarlos siempre en satisfacción de los clientes.

Por todo esto, puedo decir que estoy orgulloso de seguir ejerciendo mi trabajo día a día y de haber convertido el oficio de barbero en MI PASIÓN.

MI PASIÓN, MI TRABAJO

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